Este fin de semana se celebró la Edu-Con, el encuentro bianual organizado por la Asociación Educadores Digitales España. Un evento muy majo donde nos juntamos un montón de locos y locas que dedicamos horas y horas a crear contenido educativo en redes.
La jornada se celebró en el edificio Caixa Forum de la Ciutat de les Arts i les Cièncias de València. ¡Y dio para mucho! Desde debates intensos sobre si el formato corto realmente sirve para enseñar o solo es dopamina rápida para el cerebro, hasta firmas de libros, pasando abrazos y reencuentros necesarios con compitruenos de Scenio a los que llevaba tiempo sin ver.
Lo que no me esperaba es cómo iba a terminar el día. Cuando ya encarábamos la recta final de la jornada y pensábamos en el heladito que nos íbamos a tomar justo después, me llamaron al escenario para entregarme uno de los tres Premios EDE 2026 en la Categoría de Ciencia.
Resulta que entre más de 1.000 nominaciones, el jurado decidió que lo que hago por aquí y por redes merecía este reconocimiento. De locos, mi gente. Un trofeo que planteó su primer reto físico nada más recibirlo: traerlo de vuelta a casa. Tuve que apretar la ropa con fuerza casi cuántica para que el trofeo cupiera en la mochila y pasara el control del vuelo de vuelta a casa. Ahora descansa en una repisa del salón, listo para empezar a acumular polvo mientras me recuerda lo bien que lo he pasado este finde.
Fuera de bromas, estoy profundamente agradecido y honrado. Crear contenido divulgativo muchas veces se siente como hablarle a una pantalla en la soledad de una habitación, y reconocimientos como este, otorgados por compis y profesionales del sector, son un chute de energía enorme para seguir apretando tuercas y descubriendo movidas tope tochas. Además me dejaron recoger el premio con mis pintas de sucio millenial metalero.
Un mol de gracias a la organización, al jurado y, sobre todo, a quienes estáis al otro lado leyendo, viendo los vídeos y haciendo que todo este pozo de horas tenga sentido.




